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La Casa Alta de Tindaya divulga e interpretar los valores de la zona

La Casa Alta de Tindaya divulga e interpretar los valores de la zona

Origen y leyenda
[su_note note_color=”#fae4c1″]La casa alta de Tindaya constituye un elemento singular en el conjunto de la arquitectura civil majorera. Aunque su origen es desconocido más allá de las leyendas populares, lo cierto es que su tipología se aleja del modelo arquitectónico tradicional de la Isla -fue la primera y única edificación de dos plantas de la localidad durante mucho tiempo- y se relaciona además con una propiedad probablemente ligada a la burguesía emergente del siglo XVIII que comerciaba con la cochinilla y la orchilla.[/su_note]
Para encontrar los primeros datos sobre su propiedad es necesario situarse en los aledaños del siglo XX, cuando el inmueble se encontraba en manos de la familia de los coroneles que detentaron el poder señorial en la isla durante siglos. La última de este linaje que vivió por temporadas en Fuerteventura, Nieves Manrique de Lara y del Castillo (1844-1921), conocida como la marquesa, legó la Casa Alta de Tindaya al médico de la Casa de los Coroneles en agradecimiento a sus servicios (‘Arte, sociedad y poder. La Casa de los Coroneles’, 2009, José Concepción Rodríguez). A partir de ese momento, la edificación experimentó un deterioro progresivo, hasta que, en el año 2010, el Cabildo de Fuerteventura y el Gobierno de Canarias adquieren el edificio para emprender su rehabilitación.

La Casa Alta de Tindaya

La Casa Alta de Tindaya

Nieves Manrique de Lara y del Castillo fue hija del último coronel de las Milicias del Regimiento Provincial de Fuerteventura, Cristóbal Manrique de Lara, casada y viuda de Diego de Ponte del Castillo, octavo marqués de la Quinta Roja.
En cuanto a las leyendas sobre su origen, se relaciona con el retorno a Tindaya de un supuesto indiano natural del pueblo, que invirtió parte de sus ganancias en las Américas en construir la vivienda más grandiosa de la zona. Al finalizar la construcción, este sujeto desapareció, y al parecer los vecinos lo encontraron muerto tras despeñarse desde lo alto de la montaña. Los vecinos quedaron convencidos de que la casa estaba embrujada, y la leyenda atribuye a las brujas de Tindaya la caída del indiano desde el pico de La Muda. Los engendros lo habrían engañado para ascender a lo alto y contemplar su obra antes de hacerlo caer.
El inmueble
Una inversión de 400.000 euros por parte del Cabildo permitió materializar el proyecto redactado por Antonio Rodríguez Molina, desde la propia Oficina Técnica de la Corporación. La operación de compra del edificio, junto al Gobierno de Canarias, tuvo un valor de 177.00 euros.
La Casa Alta de Tindaya es un edificio de arquitectura tradicional con influencias coloniales, reconocido como uno de los más interesantes de la arquitectura civil majorera (sus dos plantas son una característica escasa y peculiar). El inmueble goza de Protección Integral, catalogación patrimonial más importante tras el BIC, y se encuentra inventariado en la planificación insular (PIOF) como Bien Histórico-Artístico.
El edificio tiene una superficie de 254 m2 (359 m2 entre las dos plantas), además de un patio exterior de 205 m2. Todas estas superficies se encuentran afectadas por las obras, hasta alcanzar los 1.000 m2 incluyendo los accesos, el aparcamiento y las zonas circundantes. La parcela en que se ubica el edificio tiene unos 6.000 m2.
Cabe destacar que la Casa Alta de Tindaya encontraba enormemente deteriorada, especialmente a partir de su abandono desde mediados del siglo XX. Este deterioro se ha visto notablemente acentuado por el expolio de algunos de sus elementos arquitectónicos, muy valorados, como las vigas de madera de tea que sustentaban el solado de la primera planta -dejando las paredes exteriores de hasta ocho metros sin sustento-, o la sustracción de piezas de cantería como los sillares de las esquinas de la casa, y las jambas, dinteles, alfeizares, y quicios en puertas y ventanas.
La casa está desarrollada en dos plantas, luciendo una fachada única con portalón enmarcado en cantería blanca de arenisca. Adentrándose en el interior, un zaguán conduce a dos habitaciones y también al patio, desde el que se articula el resto de la construcción y los accesos a todos los habitáculos, incluyendo la planta alta.
Como vivienda atípica, no asociada a la arquitectura popular sino a una de tipo más culta, presenta elementos como balcones o guarniciones en la fachada redundidas con motivos geométricos (rombos y círculos). Sus muros son de piedra y barro, y cuenta con una cubierta principal a cuatro aguas recubierta de teja y con estructura de madera de tea, y otras dos cubiertas una dos aguas y otra plana. En los solados aparecen materiales como madera y también yeso.
En las obras de rehabilitación se instaló una nueva techumbre, se restauraron los muros y se habilitó el interior para la visita. En el exterior, se habilita la superficie anexa para accesos y aparcamientos. Otra medida de interés ha sido el soterramiento del cableado eléctrico aéreo, que permitirá disfrutar de la vista de la casa.

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