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La Sal en Fuerteventura

La Sal en Fuerteventura
La consecución y el comercio de la sal están ligados al devenir del ser humano desde hace miles de años. En Fuerteventura, a pesar de no estar constatado que los aborígenes majoreros, los mahos, utilizaran la sal en su dieta o como conservante –se cree que se valían directamente del agua salada para cocinar o preservar alimentos-, la actividad extractiva de este bien ha pervivido hasta nuestros días desde la época de la conquista, en que los señores españoles comenzaron a aprovechar y a gestionar este recurso.
Salinas del Carmen en Fuerteventura

Salinas del Carmen en Fuerteventura

Lo que entre los siglos XVI y XVIII fue una industria con cierto desarrollo en Fuerteventura, con diversas explotaciones funcionando a lo largo de toda la Isla en zonas como El Marrajo en Isla de Lobos, Gran Tarajal, La Hondurilla en Caleta de Fuste o El Charco en Puerto del Rosario, además de numerosos cocederos naturales que utilizaba la población, en la actualidad, la producción de sal en la Isla se ha visto reducida a la que se desarrolla en las Salinas del Carmen, en al municipio de Antigua, después de que en el siglo XIX los procedimientos industriales relegaran la producción prácticamente al olvido.

Adquiridas por el Cabildo hace 20 años para convertirlas en el actual Centro de Interpretación de la Sal, las Salinas del Carmen continúan produciendo sal según el método tradicional, y han permitido mantener vivo el oficio ancestral del salinero.
La zafra de la sal se extiende entre los meses de febrero y octubre, aunque se puede extender a los meses de invierno si escasean las lluvias, lo que significa que en estos momentos, con el cambio de temperaturas, las Salinas del Carmen se encuentran en proceso de plena producción. Desde que el agua se deposita en los tajos o evaporadores, desviada hasta allí desde los calentadores una vez que ha alcanzado la temperatura adecuada gracias a la acción del sol y el viento, hasta que el salinero recoge la sal, pasan entre unos 15 días y un mes. Una vez retirada del tajo, la sal permanece amontonada durante una semana en lo que los antiguos salineros llamaban balache, para, una vez seca, ser trasladada al almacén para su empaquetado.
Cada tajo produce unos 40 ó 50 kilogramos de sal, y cada día se retiran entre 200 y 400 kilos de sal hacia el almacén. La producción en las Salinas del Carmen es de 70.000 kilos de sal al año, una cantidad muy modesta en comparación con las grandes compañías productoras, que no sería suficiente para abastecer siquiera a la población insular. Sin embargo, se trata de un producto de primerísima calidad, tal y como han demostrado recientes estudios comparativos con la sal común.
Las salinas que comenzó a construir el señor de la isla, D. Francisco Bautista de Lugo y Saavedra hacia finales de la década de 1720 en la hondurilla, al sur de Caleta de Fustes, constituyen el antecedente de las salinas de El Carmen. Aquellas primeras salinas, de tipo antiguo, de fabrica de barro, fueron vendidas por los herederos del Señor Territorial a los hermanos Velázquez Cabrera. Estos donaron una parte de ellos a un sobrino, D. Manuel Velázquez Cabrera, quien posteriormente adquirió el reto y, probablemente sobre ellas o junto a ellas, fabricó hacia 1910 las actuales salinas de El Carmen.
La tipología constructiva de estas salinas se considera de transición, dado que el tajo sencillo, fabricado con barro, convive con el tajo construido con forro de piedra.
En el año 1995, el Cabildo de Fuerteventura adquirió las salinas de El Carmen a los herederos de D. Manuel Velázquez Cabrera con objeto de conservarlas restaurarlas y rehabilitarlas con fines culturales.
Los valores históricos, etnográficos, ecológicos y paisajísticos que presentan las salinas de El Carmen, determinaron que fueran objeto de un Plan Especial de Protección en 1995 y de su declaración como Bien de Interés Cultural, con categoría de Monumento, en el año 2002.
El oficio de salinero.
La temporada de la sal va de marzo a octubre. El resto del año se realizan tareas de mantenimiento de las salinas, limpiando los residuos del fondo de los tajos o construyendo otros nuevos.
Cuando el agua del mar se introduce en el saltadero, se conduce hasta los calentadores, donde el salinero la deja entre ocho y diez días para que se caliente. Luego la conduce hacia los cocederos donde el sol va evaporando el agua durante quince a veinte días. Mientras tanto, el salinero realiza dos veces al día, por la mañana y al atardecer, el desnatado de la sal con el rastrillo, para que los cristales de sal que se van formando en la superficie, se depositen en el fondo del cocedero o tajo.
Cuando se evapora casi todo el agua, se saca la sal con el rastrillo al borde del tajo y se deja escurrir unos días. Cuando la sal está seca, se recoge en carretilla para su traslado al almacén. En toda la temporada se pueden realizar entre doce y catorce recogidas.
Terminología.
Saltadero: Es el punto más alto de las salinas. El viento impulsa las olas hacia las rocas y al impactar se forma la espuma, donde se concentra la mayor cantidad de sal. El agua salta y se introduce en el saltadero. Des de aquí se canaliza hasta los cocederos o calentadores.
Cocederos: El agua recogida en el saltadero pasa por un canal o tajera hasta llegar a estos tres depósitos. El agua pasa sucesivamente de uno a otro, calentándose por acción del sol. Cuando alcanza la temperatura adecuada, se canaliza hacia los tajos o evaporadores.
Tajos: Cuando el agua llega al cocedero, está lista para evaporarse y producir la cristalización de la sal. Se forma una fina capa de sal en la superficie, que el salinero remueve dos veces al día, para que se deposite en el fondo. Cuando se evapora casi toda el agua, extrae la sal del fondo y se deja escurrir al borde del tajo. Luego la recogerá y transportará hasta el almacén.
Almacén: Aquí se almacena la sal limpia y seca y después se empaqueta. También se emplea para guardar las herramientas de trabajo del salinero. Desde aquí salían unos raíles que salían desde el almacén, para ser embarcada. Es el único ejemplo en Canarias de este medio de transporte de la sal.
Historia de las salinas en Fuerteventura.

En el litoral de Fuerteventura existen varios cocederos naturales en los que cuajó la primera sal que se recogió en la isla. Cuenta la Crónica de la conquista que los aborígenes no utilizaban este recurso, aunque algunos investigadores piensan que sí, o bien, que usaran el agua del mar para facilitar la conservación de la carne seca que consumían.
También refieren los cronistas que la isla tenía “…grandes cantidades de sal, por el lado del mar Océano, y por el otro lado muy hermosos sitios para poner eras de salinas…”.
Los cocederos naturales eran propiedad señorial, aunque los vecinos tenían derecho a recoger libremente la sal que necesitaban para su abasto. El Cabildo de la isla dictaba normas para proteger este derecho:
“Acordaron se pregone que nadie ose embarcarla ni venderla a quien la embarque, si no sólo se venda por unos vecinos a otros, sin que ninguno tenga privilegio sobre la sal cogida en los charcos… por pertenecer a todos..” (1641 ).
“… que ninguna persona esté de un día para otro en la costa cogiendo sal, sino sólo la que hubiere en un día y necesitare para su gasto; y si llegare un vecino y la viere cogida, la podrá alzar, pagando al que la cogió a tres reales fanega, dejándole la que hubiere menester…” ( 1700) .
En 1677 el señor de la isla, D. Fernando Matías Arias y Saavedra, obtuvo facultad del Rey para construir unas salinas. Comenzó su fábrica hacia 1681 en la marisma de Gran Tajal, pero no debieron concluirse dado que en 1700 el Cabildo declaraba “… no haber en la isla salinas sino sólo algún charco que poca sal recoge…”.
Posteriormente, el Señor Territorial, D. Francisco Bautista de Lugo y Saavedra, amparándose en la facultad Real concedida a su antepasado, abrió unas salinas en La Hondurilla, al sur de Caleta de Fustes.

En el s. XX se construyeron nuevas salinas: las de El Carmen en 1910; las de El Matorral (Jandía) y El Marrajo (sur de la isla de Lobos), hacia 1935; y las de El Charco, (Puerto del Rosario) en 1940.
Las únicas que se conservan en la actualidad son las salinas de El Carmen, que han dado nombre al caserío en el que se ubican.

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